sábado, 19 de junio de 2010

Hoy

Hace tres meses lloraba, vacía, no veía salida, me ahogaba. Me acababas de cortar. Hablaba con Aye a veces, a veces con Marina, o con MC, o con Juli. Una semana después empecé a hablar con Fer. Le debo tanto a Fer. Me hizo tan bien, sentí que le podía contar todo, todo de todo, y que realmente me escuchaba, y le importaba. No me importaba qué me aconsejaba, pero poder contarle a alguien. Él también me contó todo. Fue una relación por Messenger. Empezó con un A:"¿cómo andás?"
F:"y, más o menos"
A:"unite al club"
Y nos contamos todo. Después de hablar con él me desaparecía el vacío por un rato, era increíble. Estaba todo el tiempo que estaba despierta con el vacío, salvo después de hablar con él. No sé qué hacía. Me hizo sentir querida cuando más lo necesité, acompañada cuando me sentí más desolada. Todo eso, por MSN. Suena superficial y ficticio, pero esos dos adjetivos son los que menos califican a la relación.

Hoy, tres meses después, algunas cosas se han agregado a mi historia. Me astigarché a la razón de tanto sufrimiento y dije que lo había superado, pero nunca supe si lo había hecho apropiadamente. Prácticamente dejé de llorar, eso sí. Seguí bloqueándome mentalmente al verlo, y seguí ideando situaciones en las que él me decía que quería volver, en las que yo le daba un sermón que siempre quedaba inconcluso, porque en realidad no sé qué le respondería. Fer, aunque no me lo dijo explícitamente, me tiró tantos palos que me podría armar una cabaña amueblada, y no sé qué decirle si llega el momento crítico. No quiero estar con él, pero es muy sensible, y no quiero lastimarlo, porque admito que le seguí la corriente. Me ayudó tanto, y la verdad es que lo necesito, no quiero perderlo. No merece que lo vuelvan a rechazar. No sé qué voy a hacer.

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