sábado, 29 de mayo de 2010

Tu calor

Te siento todavía. Tus brazos nunca me soltaron. Siento tu olor, tu pelo oscuro en mi cara, mi nariz pegada a tu hombro. Me preguntás qué me pasa, te digo nada, me sostenés más fuerte, y respiro hondo. Una lágrima en tu remera. Dos. Tres. Hace dos lágrimas que me soltaste, pero sigo entre tus brazos. Puedo, si quiero, levantar la cabeza y rozar mi mejilla contra la tuya, y sentir dos días sin afeitar. Tu calor. Una mano la tenés sobre mi cintura, la otra más arriba en la espalda. Me tenés más fuerte, más fuerte, más fuerte, ya no respiro. Tu olor ya es mi olor, tu latido, el mío. Tu calor. Sollozo, te mojo el pelo. Mi mano con tu cuello.
Un minuto. Dos. Tres. Hace dos meses que me soltaste, pero sigo entre tus brazos. Hace dos meses se quedó todo conmigo. Tu remera gris, tus manos acariciándome, tu piel con su olor, la presión de tus brazos en mi espalda, tu pecho, subiendo y bajando lentamente. El abrazo terminó hace dos meses, pero sólo lo sé porque desde hace dos meses que hace mucho frío.

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